El canon en el arte misionero

Al observar algunas obras de arte producidas en Misiones siento una molestia. Soy esa princesa que se acuesta arriba de los siete colchones y siente el guíjaro –una palabra que repito sin saber si significa poroto o alguna otra cosa. Me imagino ese grado de sensibilidad que hace sentir lo incómodo a pesar de todas las comodidades. Acá estoy, en esta tierra llena de humedad, hongos en el aire, ríos, arroyos, animales, flores de todos los colores e insectos. Misiones es la provincia con más biodiversidad del país, siendo solamente el dos por ciento del territorio nacional. De alguna manera, digo todo esto para hablar de arte. 

El arte en este territorio, al contrario de su biodiversidad, parece estar concentrado en pocas temáticas. Obviamente, lo que acabo de decir no es cierto. No es el arte en general, es el canon  del arte. Este canon provincial establece que todxs lxs artistas de este territorio tienen que hablar de la selva, el yaguareté y los güembés. Como si la diversidad del universo tuviese que limitarse a eso que vemos con los ojos. ¿Realmente vemos con los ojos todo esto, o es simplemente un canon imaginario? En mi vida vi solamente un yaguareté, al costado de la ruta en un viaje por el límite entre Brasil y Paraguay. No niego que fue una experiencia trascendental ver a ese felino majestuoso alejarse, lleno de miedo, del animal metálico con cuatro ruedas en el que me encontraba andando. Pero esa experiencia fue excepcional. 

Intuyo un monocultivo imaginario, donde se plantan solamente ciertas imágenes, las permitidas, al artista misionerx, y el resto queda en la sombra. El monocultivo atenta contra la biodiversidad de esta tierra y de nuestra imaginación. Tantas formas distintas de habitar este territorio y de habitar el arte como personas viven en él. Creo que los güembés, por más bellos y especiales que sean, atentan con convertirse en un monocultivo para nuestras imágenes territoriales. 

Frente a esto, proyectos como Misiones Medieval abren otras posibilidades. Siguiendo una tendencia que el semiólogo Umberto Eco llamó neomedievalismo, el grupo imagina una Edad Media tropical signa de este territorio1. Eco explica que todos los problemas del mundo occidental vienen de la Edad Media: los lenguajes modernos, las ciudades mercantes, la economía capitalista con sus bancos, cheques y tasas de interés son todos inventos de la sociedad medieval. Por eso supone que toda persona que esté inmersa en este sistema inevitablemente sentirá una atracción por ese período temporal. Por mi parte, sin dudas lo siento hace tiempo, al menos desde el momento en que leí el libraco El Señor de los Anillos, a mis once años, en medio de la selva en El Soberbio.

Eco también recuerda que el canon de la literatura en español, El Quijote, trata de un hombre enloquecido por sus lecturas medievales. Ese delirio fundacional estructura nuestra lengua y nuestra imaginación. En Misiones, esa función la ocupa Horacio Quiroga: una literatura gótica tropical donde la naturaleza se vuelve sobrenatural, donde los animales hablan y las armas dialogan con la locura. Si El Quijote delira con caballerías, Quiroga delira con la selva. Ambos son arquitectos de un modo de mirar y de la imaginación de un territorio. 

Por otro lado, las artes visuales se enquistan en el canon de lxs artistas como retratadores de la selva y su frondosidad ¿Cómo escaparnos de este hechizo canonizador? O mejor: ¿queremos escaparnos?

Los cánones nos sirven como base para pensar algo. Desde donde no hay nada aparece un canon, ficticio desde el inicio de su vida, a querer instaurar sus leyes y sus caminos para la imaginación de nuestra identidad. Estos canones nos sirven para armar historias del arte desde donde pararnos, habitar, distanciarnos, acercarnos, pelearnos con él o defenderlo con nuestro trabajo. Un canon parece ser un animal particular, como una ballena que traga a algunxs y deja afuera a muchxs otrxs. 

En su libro Contra el canon, la investigadora Andrea Giunta propone una revisión crítica de la historia del arte cuestionando la estructura jerárquica, eurocéntrica y patriarcal que ha definido qué y quiénes merecen ser reconocidos como arte2. Más que construir un nuevo canon, Giunta aboga por desmantelar la lógica canónica misma, proponiendo una escritura del arte plural, situada y relacional. Desde una perspectiva feminista y decolonial, plantea que el arte debe entenderse como una práctica social y afectiva, atravesada por luchas, vínculos y contextos, más que como un conjunto de obras excepcionales. Su proyecto invita a imaginar una historia del arte porosa y viva, capaz de incorporar saberes y sensibilidades marginadas, y de redefinir las condiciones mismas de visibilidad y legitimación.

En lo personal creo que la invención de cánones sirve siempre y cuando se asuma como fundamental su carácter ficcional, temporal, errático y cambiante, donde puedan desviarse y errar. Un canon nos puede servir un tiempo para determinada tarea y luego cambiar sus contornos para abocarse a una tarea distinta. 

Si nos siguen sirviendo los güembés, los yaguaretes y las selvas para la historia que nos queremos contar a nosotrxs mismxs, ¡sigamos por ahí! Pero intuyo que este territorio tiene mucho más para ofrecer imaginariamente que un enlatado de imágenes. Quizás el desafío no sea representar la selva, sino imaginar lo que todavía no tiene nombre. Romper el canon es también inventar un lenguaje nuevo. Uno donde el territorio no se repita, sino que se reinvente cada vez que alguien mira, crea o sueña desde acá.


  1. Eco, U. (1986). Faith in Fakes. Travels in hyperreality (W. Weaver, Trans.). Vintage. ↩︎
  2. Giunta, A. (2023). Contra el canon: El arte contemporáneo en un mundo sin centro. Siglo XXI Editores. ↩︎

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Comentarios

4 respuestas a «El canon en el arte misionero»

  1. Avatar de Tamara
    Tamara

    ¡Muy lindo leerlo!
    ¡Felicitaciones!

  2. Avatar de Tamara
    Tamara

    ¡Muy lindo leerlo!
    ¡Felicitaciones!

  3. Avatar de Rodrigo
    Rodrigo

    Inventar un lenguaje nuevo, también podría ser responder a ese llamado que nos atrae hacia otros caminos. Quizás no se trate de romper, más bien, dejarlo al canon ahí en sus formas, con sus reglas y heraldos… y abrirse a las posibilidades de nuevos lenguajes y materialidades.
    Gracias por el texto.

    1. Avatar de Andres
      Andres

      Pero el cañón tiene un poder magnético que atrae hacia sus formas a las imaginaciones, como hacer para expandir ese canon y llevarlo a distintos lugares.

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