Durante el año 2020, el gobierno de Alberto Fernández lanzó el Ingreso Familiar de Emergencia, el famoso IFE que recibieron los trabajadores ante la crisis económica que trajo la pandemia del Covid-19. Yo no estaba en un momento crítico pero la falta de previsión y mis condiciones informales de trabajo me llevaron a aplicar para poder cobrarlo. El valor del dinero en esa época ya percibía ciertos cambios, como una experiencia llave en la percepción argentina del peso.
En ese contexto, Milei comenzaba a construir su candidatura con la teoría, poco elaborada, de la máquina de imprimir billetes. Yo ignoraba todo eso cuando fui a buscar el subsidio al correo. Recuerdo ver con ansias el fajo de 10 mil pesos que vino en muchos billetes de 100, no cabía en un sólo bolsillo. De regreso a casa, vi en una tienda por Sarmiento casi Félix de Azara unas zapatillas Adidas Samba ADV en gamuza amarilla. No es que supiera el modelo, sólo me llamó la atención y entré a preguntar. A los pocos minutos, salí a la calle con el increíble par de llantas en mis pies.

Era la primera vez que rompía con mi zona de confort y accedía a tener un color alternativo al negro, el marrón o el azul para mis calzados. Como mi curiosidad me lleva a querer tener más información de todo, busqué el modelo que había comprado. En el costado tenía una inscripción dorada que decía Samba ADV. Encontré que se trataba de una clásica zapatilla de fútbol, popular hace muchos años, que se había adaptado para la línea de skateboarding de la marca de las tres tiras. Y como eran tiempos de mirar videos de YouTube hasta el hartazgo, aprendí mucho sobre zapatillas. Siempre me gustaron pero empecé a interiorizarme en los modelos, sus propósitos, su cultura, las siluetas clásicas, las disruptivas, la polémica de Kanye West con su marca Yeezy y su discurso supremacista que terminó de cortar su vínculo con Adidas, sobre Virgil Abloh y la revolución que significó para Nike antes de morir. Todo un mundo que me llevó inevitablemente a la moda.



Mi primer contacto fue por una novia de mis tempranos 20, que me contó sobre Alexa Chung y su trabajo en Vogue. En esa época, entre el 2014 y el 2015, la estilista apareció en fotos con unas zapatillas muy populares de Italia: las Superga. A raíz de eso, ella (mi novia) las usaba y destacaba por sus detalles diferenciales –un calzado de lona simple, pero diferente a las Vans Authentic o las Chuck 70 de Converse. Nunca me pareció superficial pero tampoco asignaba al diseño de indumentaria la jerarquía de cualquier otra rama del arte. Mirando tantos vlogs me di cuenta del valor que tenía, de la cultura sneakerhead que ya se encontraba en un período recesivo. Quiero decir, llegué a la fiesta cuando estaba terminando. Pero sí llegué a tiempo para ver el auge de las micro tendencias y la discusión masiva sobre lo que antes parecía un nicho.
Signos de los tiempos
Lo empecé a notar por la generación sub 25, que a diferencia de quienes crecimos en los 90’, ya tenían una noción menos prejuiciosa y amable del tema. Pero una cosa no quita la otra: podían tener mayor interés pero no así, conocimiento. Muchos comenzaron a usar o vestir cosas porque escucharon a un influencer decir “esto es lo que se viene”. De todas maneras, cada vez que preguntaba por inspiraciones o algo más allá de la tendencia, no percibía mucho criterio. Los chupines, o skinny jeans, dejaron de usarse para dar lugar a pantalones cada vez más anchos y comenzó a imperar el discurso anti “slim fit”. Nadie sabía ni sospechaba que el artífice de esta nueva era fue Demna Gvasalia, director creativo de Balenciaga hasta el año 2025. La cadena es así: las marcas de alta costura buscan empujar los límites cada temporada en sus pasarelas, luego vienen las casas de diseño accesible a replicar las tendencias para luego instalar una moda en la industria. Cuando todas las tiendas, incluso las de fast fashion, son capaces de ofrecer su producto a esta gran demanda, los visionarios ya están buscando inspiración en otro lado.


Así es que Demna declaró hace poco, mientras era presentado como nuevo director en Gucci: “No me interesa en absoluto el oversized en este momento. Ya pasé por esa etapa. Hoy en día, el oversize es parte de la moda dominante, pero no en el mejor sentido”. Quien escribe siente la misma sensación no sólo por dicha tendencia, sino también por la imposición de la desnudez en las red carpets de Hollywood. ¿Por qué nos pasa? Lo disruptivo es gestual y casi siempre breve en términos de impacto, cuando el ojo se acostumbra y asimila, el estímulo se traslada a nuevos terrenos. Por ejemplo, la pomposidad de los accesorios empieza a ganar terreno sobre el minimalismo de Pinterest. Pasamos de la paz que nos dan los espacios liminales a la virtud de cada territorio y sus costumbres. Aimé Leon Dore reivindica la cultura ultra específica de Queens, el barrio donde Teddy Santis, su fundador, fue criado por inmigrantes griegos. Aldosivi lanza junto a Kappa una camiseta inspirada en el puerto de Mar Del Plata y usa trabajadores como modelos, con sus panzas grandes y su postergado skin care. En definitiva, son quienes van a la cancha y usan las camisetas.

No me quiero extender demasiado así que voy a aprovechar que mencioné el territorio para volver a Misiones. Aquí, la cultura fashion encuentra una forma muy divertida de expresarse. Uno se da cuenta de la moda imperante por lo que todos compran trucho en La Placita o Encarnación. Así, por ejemplo, viví la transición de las Air Force 1 de Nike, blancas además, a las Adidas Samba y Campus falsas por doquier. Si pensamos en los tiempos de esta industria: en 2020 compré mis primeras Samba y recibían elogios pero no formaban parte del usuario común; luego apareció la tendencia del blokecore que empezaba a integrar camisetas de fútbol, pantalones anchos y calzados de bajo perfil, como los botines, como la Samba y otros modelos similares que venían del fútbol, de los que las marcas comenzaron a explotar revisando sus archivos para competir; por último, Argentina ganó el Mundial y la estética deportiva se fusionó con la argentinidad. Resultado: el blokecore ya no es una tendencia, es moda absoluta en nuestro país. ¿Y fuera de nuestro país? Una marca francesa generó polémica por sacar una línea de remeras con fileteados tradicionales de los bares porteños. Se discutió mucho sobre la apropiación estética que despoja a la expresión de su historia, su contexto y su significado. No es algo nuevo, muchas comunidades mexicanas pelean constantemente con la intromisión colonial. Sin embargo, es de las primeras veces que nos vemos utilizados de esa manera.
Lo que aprendí en MiDi Fashion Week
Pero volvamos a Misiones: aquí la industria es joven, tan joven que ni siquiera gatea pero ya se autopercibe. De hecho, este es el segundo año que gracias a mi trabajo, pude cubrir el MiDi Fashion Week. Misiones Diseña es una nave (palabra divertida si las hay) que engloba a las industrias creativas dentro del Parque Industrial de Posadas. Muchos pueden criticar infinidades de torpezas en la gestión de este espacio, pero lo indiscutible de la iniciativa es que logró convocar a todas las voluntades individuales a una misión colectiva. A mi sobra de entusiasmo siempre le hacen falta referencias y allí las encontré todas. Me enamoré del trabajo de Diana Muller Thies, tan distinto de lo que hace Erica Vega con su marca Imix, o la maestría en la ejecución de Victoria Puppo, más clásica en su confección. Tuve la suerte de asistir a una masterclass de Romina Cardillo, Head Designer de Maria Cher en New York, aquí en mi ciudad, porque el MiDi la invitó. Todas estas personas eran grandes artistas cuyo trabajo no podía apreciar antes de diferenciar una Samba de una Gazelle o una Handball Spezial. Gracias Adidas por eso. Ahora que mi sensibilidad está más afilada, disfruté el triple de ir a una pasarela como la del viernes.
Y ahora sí, me pongo en modo cronista. El MiDi Fashion Week salió con menos presupuesto que el año pasado pero disfruté mucho más de las propuestas. Imix tuvo la responsabilidad de dar inicio y no decepcionó. Marcelo Zanek fue el headliner de esta oportunidad, es misionero pero tuvo que hacer toda su carrera en Buenos Aires a falta de posibilidades aquí. Pasó de vestuarista a diseñador de alta costura, con modelos mainstream como Antonela Roccuzzo, Tini o Lali Espósito. Por supuesto que charlé con mi amiga Diana Muller Thies, que la rompió en la pasarela el año pasado con Sirens. Les dejo una entrevista en la que pueden conocer mucho más sobre su trabajo aquí:
Ahora me contó que estaba dando a su marca un enfoque más comercial, lo noté en su nuevo logo que ya dio lugar a un monograma en un pañuelo. Las prendas que expuso en su popup eran casi todas negras, con acentos de color y materiales entre brillantes y acuáticos. Y como siempre, guantes, el accesorio insignia de Diana. En la misma línea de reencuentros, estaba Catalina Farjat con su marca HTTP, Ropa con historia que debutó por primera vez en la pasarela principal. Tiene el mismo principio que Imix, reutilizar prendas para crear nuevas piezas y trabajar el concepto de moda circular. Aún así, las búsquedas son bien diferentes ya que Imix eligió profundizar en la reutilización del denim. Cata por su lado, explora sin limitaciones de material en la línea urbana, lo que sí se vuelve condicionante, para darnos una obra trash punk que podría usar Avril Lavigne, tanto en los 00’ como en la actualidad. Enloquecí también con Uel, de Gisela Krazuski, que presentó una hoodie más bien parecida a una capa, lo que me hizo pensar en el estilo de Rosalía en su nuevo álbum. Muchas de sus piezas podrían usarse en el día a día, como una sutil elevación de prendas simples.


La tarea invisible
Pero una completa novedad para mí fue la charla que tuve con Camila Beeger, por diferentes motivos. Ya estaba por irme cuando la entrevisté, menos mal, porque su testimonio me obsequió muchas piezas del rompecabezas. Me acerqué porque la vi sobre el escenario, en el cierre de la pasarela. Pensé que era una diseñadora a la que no había prestado atención antes y le pregunté cuál era su marca. Pero no, me dijo que era vestuarista del evento, que era la segunda vez que trabajaba para Luciana Segura (la organizadora principal y dueña de Louz). La música estaba fuerte así que la conversación fue incómoda, como en un boliche, poco profesional de mi parte. De todos modos, ella fue paciente y generosa para explicarme que los vestuaristas son una parte fundamental del backstage.
Para entender mejor, lo comparé con el cine, que siempre destaca al director, quizás algún productor reconocido, a lo sumo un guionista o director de fotografía. Claro, lo que hace Camila es invisible. Porque si sale bien, su trabajo no debería notarse; en cambio, si sale mal, uno puede percibir que hay algo que no cierra. Salvo en casos de primer nivel, las prendas no se hacen a medida de las modelos. Mi nuevo aprendizaje del MiDi Fashion Week 2025 fue sobre la importancia de los moldes: depende de la maestría de cada diseñador, se adaptan mejor o peor a las singularidades de cada cuerpo. Eso separa a los 505 de Levi’s de cualquier otro jean, por ejemplo; lo recontra sabía pero no lo había asimilado del todo. Como se dice el pecado y no el pecador, sólo voy a decir que algunas propuestas que tuvieron su lugar en la gran pasarela del MiDi, no lograron esa versatilidad en sus prendas. Alguna manga caída, un pliego que se nota donde no se tiene que notar. Camila y las vestuaristas hicieron todo lo mejor que pudieron, me di cuenta que subí una historia a Instagram donde se abrazan al final. Y sí, fueron las working class heroines de la velada, las que lo dieron todo para que se luzcan las modelos y las marcas. Ellas ordenan las perchas, en relación a las modelos y la cantidad de veces que tengan que cambiarse. Además, tienen una riñonera llena de agujas, cinta, algodones y quién sabe qué otros adminículos para ajustar hasta el último detalle. Igual, es el estilista quien se dedica a tener la visión integral, quien realiza una especie de curaduría sobre los diseñadores para dinamizar el show en sí. Eso también lo aprendí ahora.



Otra de las razones por las que mi charla con Camila fue ilustrativa es que ella estudia diseño de indumentaria en la EPET N° 2. Me dijo que la experiencia le servía como pasantía, que también la llenaba de entusiasmo ver que todo esto pasa en Misiones. Le pregunté si quisiera desarrollarse acá en Posadas y me dijo que sí. No llegué a percibir si lo dijo por compromiso o si realmente lo desea. En todo caso, yo también me fui de Posadas para volver y creo que es un buen camino. Pero lo que me flashea de todo esto es que a diferencia del headliner, Marcelo Zanek, que tuvo que irse de aquí para poder desarrollar su oficio, Camila tiene la opción de quedarse. Antes no existía tal opción y ahora sí. Incluso, personas con mucha experiencia como Erica Vega pueden mostrar en su propia tierra lo que hacen. Con Erica tuvimos una hermosa charla en la que nos dimos cuenta, entre risas, que siempre la había entrevistado por su aparición en las revistas Marie Claire y Vogue México. No había tenido la oportunidad de ver sus diseños en vivo y en directo, que me encantaron y que además cumplían con esta regla del buen molde. Una pieza destacada fue un top hecho con cremalleras de jeans, difícil de explicar, pero marcó una nueva etapa de experimentación para Imix.

Lo que quiero decir es que la constancia del evento da lugar a nuevas situaciones en nuestra ciudad. La moda es arte, se sirve del estilo, dicen por ahí. Siempre están los berretines del discurso oficial, de los torpes resortes del estado pero igual tenemos un estado. Por menos Marcelos que se van para crecer y por más Camilas del obraje fashionista que todavía no dieron el siguiente paso, pero están por. No sólo por la industria en sí, por la posibilidad comercial sino también cultural. MiDi FW es un evento donde podemos vernos cara a cara y charlar de estas cosas que nos gustan con las personas que trabajan profesionalmente o que están en vías de profesionalizarse. Detrás de la idealización, está la chance de conocer el oficio y todas sus dimensiones. No sólo marcas, sino modelos, técnicos, asistentes, trabajadores creativos. Lejos de las redes y esos mensajes vacíos de tendencias, consumo y giladita. ¿Será el 2026 el año en el que podamos empezar a hablar de la identidad misionera del diseño? Ya habrá tiempo para el rock and roll después. Y para el canon también.

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