No somos del todo cristianos, ni tampoco humanos, si no sabemos ver a la persona antes que a sus actos, sin dejarnos llevar por nuestros juicios o prejuicios
Jorge Bergoglio
El Colectivo Memoria y Salud Mental Misiones (@colectivomesamm), en el marco del proyecto de Construcción del archivo histórico de Salud Mental en Misiones, restauró un espacio físico abandonado en el Hospital Carrillo, donado por sus autoridades con el fin de emplazar allí dicho proyecto. La actividad llevada adelante por los trabajadores del colectivo consistió en la reparación de paredes, puertas y ventanas, y culminó con la pintura del espacio, realizada en articulación y bajo la coordinación del programa “Pinta tu barrio” de la empresa Colorshop, propuesta comunitaria que promueve la intervención y puesta en valor de diferentes espacios públicos y privados de la ciudad. Además de la participación de los voluntarios del Colectivo MeSaMM, esta actividad contó con la colaboración de personas del barrio y la comunidad.
Desde la década del cuarenta, este fue un espacio destinado al personal del Hospital Baliña (fundado en 1936), cuando la institución aún estaba dedicada a la atención de personas con lepra. Luego, en los setentas, pasó a ser una casa para los primeros profesionales residentes del Hospital Carrillo (fundado también en 1936). Esto marca el inicio de las primeras prácticas llamadas residencias, en que profesionales locales y recién llegados de otras provincias vivían y trabajaban dentro del Hospital. En los noventa, bien entrada la democracia, el espacio fue utilizado por los primeros residentes formales del programa de becas de las RISaM en la Argentina, vigentes hasta la actualidad. Aunque ya no viven allí, el sistema de guardias es uno de los mayores servicios de formación de los profesionales que, al terminar su beca, son Especialistas en Salud Mental. La crisis de finales de los noventa y el pasaje de siglo hizo que las residencias se desplazaran al interior del Hospital y este lugar quedara destinado a depósito, abandonado por la historia, hasta noviembre de 2025.
En el interior persistía solo la conexión eléctrica. Todo lo demás se encontraba en deterioro por el paso del tiempo, como una ruina más del manicomio, clásica y conocida estética de este tipo de instituciones, detenidas en el tiempo como si fueran sacadas de escenarios de una película de ciencia ficción. En ese movimiento de poner en color un lugar abandonado, se han generado muchísimas experiencias emotivas, técnicas, corporales y colectivas. Hay un gesto crucial en devolverle la vida a un espacio que formó parte de lo que fue el manicomio en Misiones.

Ponernos en contexto requiere a su vez del contraste de las imágenes que el colectivo relevó para poder mostrar su transición y transformación, el pasaje de un lugar abandonado a otro reanimado.
Al interior del espacio, además de la conexión eléctrica, quedaron dos frases. Dos frases que resistieron a los años, plasmadas como tatuajes en las paredes sucias y llenas de telarañas de lo que ahora forma parte del archivo histórico:
“Usen la regla de oro”
“Somos humanos. Mat 7:12”
No hay misterio, ambas frases se conectan. La referencia es Mateo 7:12, una de las enseñanzas más importantes del Sermón del Monte o de la Montaña, de Las Sagradas Escrituras, conocido por contener la Regla de Oro. Aunque varía en sus ediciones y traducciones a lo largo de la historia, se la enuncia más o menos así: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas”.
En la montaña, Jesús pronuncia esta oración, pero lo interesante es que la expresión de “Regla de Oro” no figura en La Biblia. En Lucas 6:31 aparece de manera similar: También traten a los demás como les gustaría que los trataran a ustedes. En otras ediciones dice: Sigan tratando. En presente continuo, como sabiendo que es una enseñanza que no puede pasar a la historia, que no es permitido anunciar como nueva, sino como algo que estamos haciendo, o que deberíamos estar haciendo aun en este momento. Se trata de un principio rector ético casi universal que aparece de diversas formas, como en Romanos 13:8-10, donde se sostiene la regla del amor al prójimo, y que incluso ha sido anunciada antes de Jesucristo en su formulación negativa: “no le haga a nadie lo que no le gustaría que le hicieran a usted”.

Ahora bien, hay misterio en el hecho de que no sabemos cómo estas frases atravesaron el tiempo, cuándo o por quiénes fueron escritas. ¿Para qué y para quiénes dejar un mensaje? ¿Por qué escribir, desde el anonimato, en paredes de un Hospital que fue Manicomio? Escribir es una forma de trascendencia, personal y colectiva. Una manera de dejar una huella, de pensar más allá de nosotros mismos.
¿Importa que alguien lo lea, importa saber a quién va dirigido?
Como el mensaje de una botella arrojada al mar, aquí las paredes se ofrecen como un canal que no conoce al receptor, pero que tampoco se ocupa de encontrarlo. Se expresa y espera a que alguien recepcione el mensaje, aun bajo el riesgo de que el lector lo destruya, lo omita y/o lo borre. Sobrevuela un extraño vínculo político entre este acto anónimo y la postulación de algún lector desconocido. Queda entrever cómo cierta tradición humanista juega su papel. Qué clase de mensajes resisten ser borrados ante el paso del tiempo en banderas de concreto, en tramas extrañas con sesuda y resistente complicidad: los lectores son hoy del Colectivo MeSaMM, un proyecto que une a trabajadores en torno a la Salud Mental, la Historia y la producción de Ciencias sociales y sanitarias en clave regional.
Ambas frases quedaron intactas con su fondo, sin ser pintadas, en el ahora Archivo Histórico. Parecen ser entonces un mensaje del pasado para el futuro que no deja de pensar en presente: líneas que por alguna razón nadie alteró y que parecen advertir la relación, para nada secreta y peligrosa, entre el manicomio y el encierro. El movimiento de la Salud Mental, una vez más, vuelve a relevar un mensaje que lleva entre sus legados históricos y éticos: seguir sosteniendo el compromiso social de ser una alternativa por los Derechos Humanos ante lo manicomial.
Lucrecia Martel en su conferencia sobre El sentido de hacer cine Latinoamericano, dice que la ciencia ficción del siglo XX ha plasmado ciertas condiciones premonitorias de este siglo: control total social y civilizatorio por la tecnología, imposibilidad de distinguir entre realidad e invención digital, crisis ecológicas y extinción del mundo, dominio de las máquinas por sobre el ser humano, etc. El arte en sus múltiples formas, entiende Martel, habla de un futuro distópico, que no queremos. Pero también nos anima a crear el que podríamos querer, como una herramienta urgente para inventar el futuro más allá del apocalipsis, usando el arte y la imaginación para crear un destino común.
Algo de ese arte ficcional, futuro y científico late en la reparación de un espacio abandonado, ahora destinado a fortalecer y construir la memoria e historia en Salud Mental y a la producción de conocimiento situado en Misiones. El acto del Colectivo de restaurar el lugar, al fin y al cabo, también es reanimarlo. El lugar manifiesta su vida en estas dos líneas, nos empieza a contar su historia. Y nos deja gérmenes para el futuro en formato de advertencias éticas sobre los efectos del encierro.
Franco Ciganda
Diciembre, 2025
Posadas, Misiones

Deja una respuesta