Los relatos suponen una forma de construir comunidad.
María Teresa Andruetto
Ramaje es una comunidad lectora que nació para que hablemos de libros. Su razón de ser es, por un lado, mi gusto por el mundo de los libros y la lectura, las editoriales, lxs autorxs y las recomendaciones; por otro lado, surge por mis ganas de compartir hacia afuera la experiencia de lectura. Ramaje busca crear comunidad y ser un espacio genuino de conversación sobre libros. La idea es explorar distintos territorios escriturales, es decir, distintos caminos que recorrer con una misma brújula: la del gusto por leer y compartir.
Para explicarme, creo necesario mencionar que a la lectura la veo como una puerta de entrada a la construcción de la subjetividad. La lectura es un acontecimiento. Asimismo, leer y compartir lecturas con otrxs le da a la práctica de leer un carácter social. En ese sentido, Ramaje es un espacio de encuentro y de escucha, un espacio que se resiste a la individualidad. Escuchar a otro es, hoy en día, un acto de fe.
Formación librera
Me formé en el mundo de los libros al trabajar como librera varios años. Fueron varias etapas que atravesé: desde aprender a memorizar los títulos y las ubicaciones (entre miles de ejemplares), hasta recomendar según gustos de clientes, acordarme de la última lectura de lectores clientes, y la formación del gusto personal siguiendo de cerca el catálogo de algunas editoriales.
Actualmente, están por ser dos años desde que dejé ese oficio y comencé a ejercer la docencia. El deseo de volver –de alguna manera– a ese mundo me empujó a crear Ramaje. Y Ramaje me conecta todos los días con gente que hace lo mismo, que habla de libros, de autores, editoriales, clubes de lectura y una infinidad de temáticas y actividades que posibilitan espacios de encuentro.
Necesitamos los libros para vivir
Una vida sin libros se parecería a una vida sin lugares para soñar. Quien lee produce nuevos sentidos. Es decir, leemos no para estar quietxs (solamente), sino para explorar, conocer(nos), experimentar sensaciones, imaginar mundos posibles.
No importa la edad, tomar un libro, sentirlo, hojearlo y leerlo, nos hace sentir dueños y dueñas de nuestro tiempo. Eso se convierte en algo muy valioso, en algo nuestro, que igual prestamos para que lo recorten como quieran. Los libros hacen que una tarde no sea solo una tarde. Defendamos eso.
Hablar de todo
Quiero que esta comunidad lectora se cuestione y ponga sobre la mesa discusiones sobre todo el universo libro–lectura–editoriales y espacios de encuentro. Alguien dijo que ya no hay espacios de encuentro sino espacios de consumo, y aunque sea difícil admitirlo, algo de razón tiene. El encuentro, la conversación y la lectura deben ser los puntos de partida.
Siempre hay algo más para decir de un mismo libro. Siempre hay nuevas formas de leer. “Todo libro debe arder, quedar quemado. Ese es el premio” dice María Negroni en El corazón del daño.
¿Por qué hablar de libros? Bueno, podría preguntar: ¿por qué hablar de política, de religión, de fútbol, de la casa de la abuela, de llegar a fin de mes, del laburo? Porque sí. Porque nos conmueve, porque nos apasiona, nos despierta curiosidad y nos gusta escuchar a otrxs hablando de libros, contando una lectura, diciendo “ah sí, conozco a esa autora”, “sí, esa editorial estuvo en tal feria”, “ese autor no me gusta”.
Una pausa, un espacio para el silencio
El silencio y la pausa son necesarios para dar lugar a la imaginación. ¿Cómo hacer para que no muera ahí –en el sillón, el mate y el libro– ese encuentro con la lectura individual? La propuesta es, entonces, leer cuando se pueda, en el espacio que cada unx decida, y luego compartir esa experiencia para construir posibles sentidos, para conocer otras miradas, para escuchar.
Involucrarse
Desde qué lugar se promueve una comunidad lectora, cuáles son los intereses detrás de esa decisión, hacia dónde apunta, qué canales busca abrir, qué puentes, qué expectativas se tienen, cuánta disponibilidad emocional y con cuánto tiempo se cuenta. A veces las preguntas son puntos de partida para construir entre varixs un espacio común.
Ante tanta novedad ¿qué se lee? A eso apunta Ramaje, a que cada unx cuente qué lee, por qué, cómo llegó a esa lectura, a ese autor o autora, a tal género, etc. Hay quienes están releyendo clásicos o encontrándose con ellos por primera vez, quienes leen escritores contemporáneos.
Al ser virtual, Ramaje es una comunidad que conecta con lectorxs de diferentes geografías, con libros en común.
Ramaje nace para contemplar lo que hay alrededor, levantar la vista
No se trata solo de hablar de libros, se trata de escuchar qué tienen para decir quienes eligen seguir a la comunidad, por ahora virtual, de Ramaje. Se trata de ser –lectores, escritores, facilitadores, mediadores– quienes compartimos, quienes decimos, quienes escuchamos.
Es muy reciente este proyecto, pero tengo muy presente hacia dónde se dirige. Ramaje, desde su visión social de la construcción del gusto, considera que una comunidad lectora es un gesto político. Y hoy mucho más. Elegimos conversar, escuchar y que las lecturas habiliten nuevas formas. Por eso y para eso existe Ramaje.
Florencia Knebel, fundadora de Ramaje
Posadas, Misiones

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