Hugo Guardaviento: arder en poesía

Las llamas son bonitas porque no tienen orden,
y el fuego es bonito, porque todo lo rompe

Rosalía, Sakura

Hugo Guardaviento, nacido Hugo Hernán González en Caraguatay –allá, en el alto Paraná misionero–, fue una brasa ardiente que escupía música y poesía sin piedad. Un ángel dolido, doliente y amoroso que puso en palabras y melodías imágenes del infierno, del paraíso, de las tortuosas y placenteras chispas que surgen del sexo, el amor, los paisajes difusos de la noche, la infancia y los sueños. Licenciado en Letras, futbolista fino y docente de guitarra, Hugo supo plasmar en canciones y poesías la inocencia de querubines caídos y la ira de los visionarios amparados en la certeza de un mundo miserable y cruel. Su música refleja el complejo rizoma que va del rock, el blues, la guarania, los géneros latinos y regionales del folclore argentino y la sonoridad litoraleña.

Hugo escribió y publicó un libro de poemas titulado De cárceles y llaves (Editorial Peces de ciudad). Ese libro se alzó con el premio Arandú, que otorga el Concejo Deliberante de la ciudad de Posadas, en la categoría Letras del año dos mil diecisiete. Años antes –en mil novecientos ochenta y nueve– grabó, en los Estudios Nuevo Mundo de Litto Nebbia, El tarareo de la semilla.

Su arte circuló entre amigas y amigos, en bares de mala muerte, en escenarios prestigiosos, en peñas trasnochadas. Su escritura se filtró en redes sociales (Facebook) y en una enorme cantidad de hojas mecanografiadas de destino incierto.

Sin embargo, en la memoria de quienes tuvimos el privilegio de escucharlo, su obra resiste con pasión lacerante. Alguna vez escribí: “El Negro Hugo marcó, con su poética, su música y su voz (siempre al límite), un territorio lleno de espectros; de mujeres con ojos ‘como látigos al cielo’ y cuerpos infinitos; de santería y devoción; de sexo arrebatador de los trópicos y testimonios de crudeza implacable. Una mixtura de los sueños y pesadillas de Bukowski, García Márquez, Henry Miller y Quiroga. Sus letras son piezas surreales, cotidianas en su nocturnidad, ahogadas en alcoholes baratos, pastillas para vivir mejor y amor ciego”.

Vertiginoso, Hugo fue fuego, una llama que vino a desordenar y a romper. Hoy que ya no está, la pena mutó en ternura, saudade, y una sonrisa que se esfuma (aunque sigue ahí). Mono no aware.

Café Azar
Bajo una intensa lluvia en la navidark de 2025
Posadas, Misiones, RA.-

Aquí, cinco visiones de Hugo Guardaviento:

1. Tango Reggae sem você (Acta de divorcio)

Demo – Inédito

No soy esclavo de una música, ni de una moda.
Casi como un cigarrillo: me iré tan rápido…
Hay otro mundo en tu sentido que ya no quiero andar.
Búfalo, agua, piel, canción, eso quiero entregar.
No quisiera que te vendas ni que me rifes.
Pagaría con infiernos a quien me arranque
ésta, mi voz, esta ilusión de recostarla en vos;
éste, mi culto en pocos tonos, esta improvisación.
Busco en mi música tus ojos contra un espejo.
Quiero llegar a hacer de un títere un Presidente.
Es que el Amor que no termina, son esta creación.
Mi arte suena y no precisa de vos para existir.
Tuve un sentido imperialista: ¡tragarte viva!
Llevo una marca socialista: no eras tan mía…
¡En mis dominios, amor mío, jamás se puso el sol!
No me pondrán oscuridades. ¡Allí yo brillo más!!
¡No soy esclavo de este mundo!

2. Bruja del Bosque

De El tatareo de la Semilla
Bruja del bosque, tu grito tumba.
¿Sos una diosa de barro y plumas,
una palabra de azul o negro,
de piel y agua,
bruja de musgos?
Allá se está haciendo el viento
y hay guaynitas «caras de piedra»
que te conversan bajo la luna,
que te suspiran entre las pajas.
Manitas sucias, orejas quietas,
bruja, ¿me  escuchás entre la yerba?
Yo silbo y digo: vení a buscarme.
Estoy dormido, quizás despierto,
o, casi muerto, o casi muerto,
¡bruja del bosque!

3. Cárceles y llaves

Del libro Cárceles y Llaves          

Cada parte de mí fue y será cárceles y llaves.
El niño mamó del tambor
pero
todo se fue en un oscurecer de ojos.
Todas las cosas se le cayeron en el recuadro de una luz de vela…
Pensar que La Estrella lo cuidó tanto
y que el río aromó su llave.
Dolió gastar instantes en la instantánea de la vida.
(Cuando se entra a la fiesta con los ojos al revés,
la gracia queda afuera).
Cada parte de mí fue y será cárceles y llaves.
Conviene saberlo:
aunque se la haya hecho de una vez para siempre,
la Luz no se hace siempre. Hay que buscarla.
El hombre se contractura a menudo
y se cierra.
La poesía, entonces, se le cae de la boca
como los dientes al suelo.
Cada parte tuya fue y será cárceles y llaves.
A nadie se le cae el alma al piso.
El alma queda atrofiada- adentro-.
Si por los menos se cayera,
podríamos levantarla como se levanta un objeto
y, sería
ya un paso hacia la llave.
Cada parte de nosotros es una cárcel y una llave.
El Ángel cargó con todo aquello que no era llave
y volé, asa, ala, volé estrellado, resbaladizo.
Volé.
Arranqué paredes con las manos
y afiches publicitarios con los ojos
y, cinematográficamente, volé.
Cada parte de mí es una Llave.

4. Saxomanía con lluvia (Saxos pegados a mi muerte)

De El tarareo de la Semilla

Mi piel se muere.
La piel me duele y se me despega.
Y mi ciudad dale que va con su sueño gris,
cielo narciso, que (¿qué?) no nos dejas ver
que hay más acá.
Un saxo besa pausadamente el agua de las cunetas,
mi negra piel se va a arañar en la lluvia inmensa.
Bajada Vieja, saxomanía en lluvia, locura y jazz.
La noche de las brujas deja su brasa en mi pitada.
¿Dónde dejé mi mujer y mi bufanda?
Ya no entiendo nada.
Un mensú aún respira en la bajada con su cara ensangrentada.
La piel ahora se me muere y que queda
sino esta ronca musicomanía de los saxos…

5. Niña de Caraguatay

Demo – Inédito

Aquella niña, aquella,
le hablaba al viento.
Siempre soñé con el amor,
cuando ese sol sea más grande en mi.
Nunca cambie la luz de esas aguas,
de mi arroyito,
el Ita Curuzú.
¿Adónde van
aquellas nubes,
de palomas?
¿Y aquel sombrero
de ala ancha
que ennegrecían
esos cueros cabelludos?
Aquella niña, aquella,
vive en un sueño.
Hablaba sola, bailaba,
de tacos altos.
Nunca notó que en mi voz
se quedaba,
como esa casa del Che Guevara.
¿Y hoy dónde está
aquella niña,
aquel Así es Boca,
y aquel Pirulo?
¿Y a dónde van,
cómo en bandadas
aquellos niños.
trepando lomas?
¿Y dónde está,
aquella músicaque cantaban Los Junqueros?


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Comentarios

2 respuestas a «Hugo Guardaviento: arder en poesía»

  1. Avatar de Norma Mandar
    Norma Mandar

    Disfrute su charla y compartí su visionaria realidad, allá por 1985 en mi casa de comidas, reuniones y encuentros. Era tierno y querible, solitario y gruñón, era Huguito el poeta cantor.

  2. Avatar de Miguel Ramos
    Miguel Ramos

    De todas las veces que escuché cantar a Hugo, recuerdo claramente una en la Casa Paraguaya con Lito, según recuerdo en la presentación de Tarareo de la semilla. Tenía ya una claqué importante, pero esa noche terminó de cautivar a los escépticos. Se fue temprano pero no se lo olvida. Gracias Café por avivar ese fuego

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