Los teletubbies son el futuro

Una noche salimos con amigxs en Posadas y terminamos en el Club Queer donde la drag queen Barbarita festejaba chocha los cuatro años del Club. Llena de lentejuelas, nos contaba historias que pasaron por ahí mientras prometía que después del jingle iba a haber un recital espectacular. Esperamos un poco y de repente aparecieron unxs pibitxs maquilladxs, haciendo una música punk increíble, hablando de lo que se sufre siendo un ser humano en este 2026 roto. Por lo extraordinario de toda la situación me entusiasmé por el futuro. La cantante de pelo rosa se llama Pinky Lala y en la deriva de mis pensamientos, su nombre me hizo acordar a los nombres de los Teletubbies: Dipsy, Laa-Laa, Tinky-Winky, Po. Acompañado por la imagen de estos cuatro seres, cual visión profética, vi el futuro del paisaje humano. 

Los Teletubbies son estos seres tiernos, torpes, post-género, entre Hobbits y Cyborgs que viven en una casa abajo de la tierra, básicamente una madriguera hipertecnológica. Sin jerarquías, ellxs conviven con robots, salen a jugar en la naturaleza, tienen una tele incrustada en sus panzas y son amigxs del sol. Es decir un grupo de hippies en un futuro lejano donde la humanidad triunfó y se dedica a disfrutar de la experiencia de pasar por esta vida. Durante el mismo tiempo que los Teletubbies conquistan la TV, Windows saca su sistema operativo XP, con la famosa colina verde saturada. Algo pasaba a principios de los 2000, el cambio de milenio, el optimismo tecnológico que traía internet y la estética Frutiger Aero1 que invadía las pantallas, vuelve hoy como nostalgia de la Generación Z, que se imagina el presente a partir de estas referencias. Por eso no tengo dudas de que los Teletubbies nos abrieron las puertas para imaginarnos la posibilidad de crear un paisaje Solarpunk.

El movimiento Solarpunk nació en el 2008, en las profundidades de una internet que todavía seguía dando sus primeros pasos. Todo lo contrario a la fantasía escapista de los señores tecno-feudales que solamente pueden imaginarse ir a Marte para abandonar un planeta que se imaginan moribundo, el Solarpunk es una estética que se imagina un futuro fértil en la tierra, donde la tecnología se enreda con lo vivo y seduce otras posibilidades. Dentro de los paisajes distópicos que se nos enchufan a la fuerza, el Solarpunk es un rayito de esperanza que aparece en la cloaca en la que se convirtió la internet y puede ser la brújula para acercarse al nuevo paisaje que ya está surgiendo en el mundo y, en particular, en el territorio misionero.

Un artista que se acerca a este imaginario es Horacio Flores, que desde Oberá inocula micelio en bloques de sustrato, los envuelve en plástico y los deja brotar. Así como la pintura del camino de tierra colorada moldea nuestro imaginario para unir la máquina y la naturaleza en una imagen canónica de este territorio, en las obras de Flores la tecnología aparece completamente entrelazada a lo vivo, y la forma sirve incluso como nutrición. Con la curiosidad de quien se encuentra con un alien, el artista entra en conversación con el micelio y de este encuentro florecen esculturas vivas, que crecen, responden al ambiente y cambian según condiciones que el artista no controla del todo. El micelio es quizás la red más antigua y sofisticada de este territorio, una infraestructura subterránea e invisible que conecta organismos y transfiere información entre raíces. Flores entra en él mediante el trabajo en el laboratorio y hace bioarte con acento local, trazando una nueva picada.

Por otro lado, a la orilla del río Uruguay, hace poco tiempo brotó Sintropolis, que en una hectárea de bosque en la frontera argentino-brasileña es al mismo tiempo asamblea, escuela y experimento cultural. Partiendo de la crisis ecológica actual y del agotamiento del sistema de arte contemporáneo, este grupo de artistas sigue creyendo que el arte tiene respuestas complejas para estos tiempos desoladores. Desde esa certeza, planta bandera en la frontera e inventa estrategias para habitar un territorio desconocido. Al usar como base sus prácticas en artes visuales, mapean el terreno para reconocer prácticas vivas en el territorio. Desde ahí toman como marco de trabajo los principios de la agricultura sintrópica, donde cada organismo cumple una función específica dentro del sistema, para expandirlos al plano simbólico y regenerar prácticas, relatos y vínculos. En lugar de representar el paisaje, operan directamente sobre él y con sus tiempos sueñan con formas alternativas de estar en la tierra. Cultivar mandiocas y alianzas nuevas, con la selva como metodología y el compromiso con la urgencia de imaginarnos futuros todavía posibles. Un brote Solarpunk en este paisaje fronterizo. 
Y es también absurdo pensar en el Solarpunk sin pensar en las comunidades indígenas que habitan el territorio hace milenios en armonía con la naturaleza. Las comunidades Mbya Guaraní son quienes habitan este territorio y sus prácticas dejan casi nula intervención dañina en la tierra que habitan. Mediante un sistema tecnológico avanzado y ancestral de selección de semillas, rotación de cultivos, conocimiento de especies medicinales, mapeo territorial, el vínculo entre tecnología y naturaleza es evidente en estas comunidades. Misiones, con apenas el 1% del territorio nacional, contiene el 52% de las especies de Argentina2. Las comunidades Mbya Guaraní son custodias activas de esta biodiversidad y la eficacia ecológica de sus prácticas apenas se empieza a cuantificar3

Por otro lado, en la misma Oberá donde trabaja Flores, se abrió Loma Porá, un almacén agroecológico y espacio cultural que une arte, agricultura y medicina natural bajo el mismo techo. Si Sintropolis tiene a la sintropía como metodología, Loma Porá tiene al almacén. Comprar productos locales, hacer talleres de cultura regional y construir una red de consumidores conscientes es parte de entender que cada peso que gastamos es un voto que financia un tipo específico de futuro. Las campañas en contra de algo le siguen dando centralidad a lo que queremos transformar. En vez de eso, Loma Porá propone mover recursos hacia quienes ya están construyendo otra cosa, los productores que con su tiempo y energía están plantando las semillas de un mundo distinto.

Todo esto es para decir que nuestra imaginación es el último espacio de conquista y aunque los tech-bros pongan un fangote de guita para convencernos de que el futuro va a ser horrible, nosotrxs tenemos que ver lo que ya está vivo y cómo se va transformado nuestro paisaje en tiempo real. Pensar que el paisaje es estático es un error, ya que siempre se mueve, se tuerce, se deforma. Poder ver las mutaciones que aparecen es fundamental para entender dónde y cómo habitamos. Los proyectos de esta nota son futuros que están creciendo de a susurros, preparando el micelio para aflorar. Quizá los Teletubbies también practicaban un futuro posible en su colina verde mientras nosotrxs mirábamos sin entender del todo lo que nos estaban proponiendo.

  1. Frutiger Aero es un estilo de diseño muy popular entre mediados de los 2000 y principios de los 2010, usado sobre todo en interfaces de computadoras y celulares. Se caracteriza por colores brillantes, efectos de luz y transparencia, y por mezclar imágenes de la naturaleza como peces, agua, plantas y cielos azules con tecnologías modernas, creando una sensación de optimismo y futuro amigable. ↩︎
  2. https://www.argentinaforestal.com/2024/12/06/misiones-es-primera-provincia-del-pais-en-contar-con-un-inventario-de-biodiversidad/ 
    ↩︎
  3. https://www.argentinaforestal.com/2023/02/25/misiones-jasy-pora-es-la-primera-comunidad-indigena-del-pais-en-certificar-ante-el-inase/ ↩︎

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