Revista Pesos nos encuentra en un momento donde no podemos resolver lo que sea que nos pase de una forma que no sea colectiva. Es así. No tenemos el interés mínimo en prestar atención a esas consignas de moda que imponen el desarrollo personal, la individualidad del espíritu bajo cualquier aspecto y en cualquier ámbito. Preferimos dejar eso a un lado y enfocarnos en todo lo potencial.
Está bueno pensar que la primera idea de la revista (política y literatura), haya encontrado un cauce más amplio. Nos abre la mirada sobre lo potencial, eso que funciona como barro inagotable para edificar textos. Lo bueno de la escritura es que requiere menos insumos materiales para su ejercicio. Lo que sí es caro es la riqueza del pensamiento.
Ah, pero no cualquier clase de conjetura vale y tampoco suma –necesariamente– la desconfianza. Andamos detrás del sentido crítico para hilar mejor, para lograr diversificar la red con un dispositivo que involucre la intuición y la inferencia por igual. “Es una cuestión de fe”. La credibilidad no se sustenta por sí misma, requiere la prepotencia del trabajo que es también la garantía de hacer efectivos y palpables nuestros frágiles oficios.
¿Con qué objetivo? Con la misión, mejor, de darle valor agregado al peso de nuestra sustancia. Peso argentino, peso misionero, peso posadeño, peso fronterizo, peso fijado al valor del arte, el fin de la escasez, la trama infinita y la era de los tejedores; el sueño latinoamericano, el gran peso que invierte los polos.
Cualquier clase de contradicción es más valiosa que el olvido. Si cada átomo ya fue creado y así el mundo fue dándose, que nos valga la memoria. Y claro, también el bendito pensamiento crítico.
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