Vengo con una pregunta: ¿qué puedo y qué quiero decir en el primer editorial de Revista Pesos? A partir de esa pregunta, y como si quisiera encontrar una puerta trasera por la que entrar para sacarle las trabas a la puerta principal, me hago otra: ¿qué es Revista Pesos y por qué debería decir algo en un espacio tan importante como el primer editorial? Un editorial, ¿en qué medida es y no es un manifiesto? ¿Importo yo en este texto?
No, no importo. Por fin una seguridad. Al menos no en tanto nombre propio, en tanto denominación de una historia de vida, de una serie de acontecimientos y acciones que moldean al mismo tiempo que persiguen una identidad, una personalidad individual, que a su vez no deja de ser un puñado de lenguaje. Pero sí importo en tanto que miembro de un grupo, en tanto que co-fundador, en tanto que productor de textos, en tanto que instalador de varas bajas.
En otras palabras, no debe estar necesariamente eliminado el yo de un editorial de este calibre (si es posible siquiera intentarlo), siempre y cuando se trate de una forma de ver las cosas sin pretensión de totalidad; siempre y cuando colabore, con pensamiento crítico y honestidad intelectual, a decir: este lugar lo construimos y ocupamos voces que tienen una historia detrás y algo para decir adelante, una nube de lenguaje alrededor.
Eso me da una pista, un sendero para entrar adecuadamente a otra de las preguntas anteriores: ¿qué es Revista Pesos? Arriesgo: una revista donde la escritura nos permite construir, en primer lugar, un habla. Una revista en la que ensayar el pensamiento crítico, literario, político, artístico, situado, evasivo a veces, inconforme, lúdico, sucio, irreverente, manso también después de una ducha. Donde la escritura es la condición de posibilidad y al mismo tiempo la acumulación.
Se trata de que la escritura, más errática que sofisticada, más semejante a algo que orbita que a un objeto central, más sabrosa que refinada, más musical que certera, sea el andamio y el edificio, al mismo tiempo el grupo humano y el estilo propio, el chiste y el hartazgo. Cada nombre propio escribe: yo tengo algo que quisiera decir, no es igual a lo que han estado diciendo en este mismo espacio hasta recién, no es más importante que lo que dirán después; es lo que es.
Bien pensado, cada texto de Revista Pesos es un deus ex machina en la trama en la que el silencio ya ha logrado dividirnos e intenta definitivamente acabarnos.
¿Qué quisiera decir con todo esto? Yo es ensayar situado. Revista Pesos es el espacio para eso. Un espacio para que la urgencia y la necesidad de decir hasta lo último se conviertan en la seguridad de decir lo que se puede decir sin intentar decirlo todo. Un espacio que es una práctica: si no está en ejercicio, no da cabida. Para que, con este afán ecléctico, Revista Pesos no termine siendo nada, conviene respirar hondo y arriesgar algo último.
Revista Pesos es una práctica y un espacio de confluencia y detenimiento, de diálogo y altavoces. Es una aventura polifónica, quizás a veces panfletaria, nunca pusilánime. Puede que desee, dadas ciertas circunstancias, convertirse en un sistema, pero tiende más a ser un organismo (y un organismo no deja de ser un sistema con muchísimas particularidades). Es un dispositivo a través del cual ponemos a discutir nuestras palabras favoritas, nuestras oraciones nuevas, nuestras consideraciones y miradas, nuestras ficciones, fantasías, chismes, anécdotas, denuncias y silencios deliberados, o todo lo que la escritura y el criterio sean capaces de producir.
Digamos que Revista Pesos es una ganancia para la escritura y, por ende, una excelente inversión para sus lectores. Nosotros, en tanto, prometemos trabajar.

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