Signo de los tiempos

Música sugerida para leer:

La semana pasada quise cortar la intensidad de ciertos estilos cinematográficos con una buena comedia romántica. Vengo de una raid de Scorsese en la que volví a ver Lobo de Wall Street, Los Infiltrados, Taxi Driver, Goodfellas y bueno, Casino por primera vez. Como entenderán, necesitaba ver una película donde el protagonista no abusara psicológica o físicamente de su interés romántico en algún punto de la trama.

Así que imaginé un pasillo de shopping y me puse a recorrer las plataformas que tengo disponibles para encontrar alguna joyita en sus catálogos. La primera que vi fue Sex Appeal, una comedia adolescente que tiene unos extraños montajes sobre el placer en la pubertad que me dieron bastante vergüenza ajena. Una chica que tiene toda la vida muy muy muy resuelta y es hija de tres madres, descubre que no tiene idea de cómo coger. Como es la más ñoña del colegio, decide que su proyecto final para conseguir una beca universitaria será crear una app que oriente a los adolescentes en su primera experiencia sexual. Pff, como si esas cosas pasaran, diría Shrek.

No voy a decir mucho de esta película ni tampoco voy a criticarla de más porque no hace falta. La siguiente que elegí estaba en Prime Video, así que esperaba algo menos apelmazado que Disney+. Se llama The To Do List, o Lista de Pendientes en español, y está protagonizada por Aubrey Plaza. Lo que no podía creer cuando empecé a verla es que la trama fuera la misma: una chica muy ñoña se da cuenta de que llegará a su período universitario sin haber experimentado nada en lo sexual.

En ambas películas, las protagonistas arman una lista de cosas a probar antes de pasar a la penetración. Como son metódicas y buscan rigor científico, anotan un montón de cosas que van probando poco a poco. Una se estrenó en 2012 y la otra en 2022, con diez años de diferencia, está claro que el público se renueva y el enfoque también.

La del 2012 me dio un poco más de gracia que la del 2022 porque cuenta con la participación de Bill Hader, un gran comediante que se hizo conocido por la serie Barry. Aubrey Plaza pretende ser una chica nerd pero no encaja del todo en ese rol, si estuviera en Freaks and Geeks sería parte del primer grupo, no del segundo. Lejos estoy de decir que es una mala actriz, pero se mueve dentro de un espectro bien delimitado: sus personajes son escépticos, no se escandalizan y resuelven las cosas con mucha liviandad. Es demasiado cool para lograr ese aspecto que la de Sex Appeal sí logra, una inocencia más torpe al estilo Big Bang Theory.

Otra coincidencia es que ambas son amigas de un varón que tiene un interés romántico con ellas. Ellas aprovechan para probar cosas con ellos sin involucrar sentimientos, los toman como sujetos de estudio. Pero la insistencia de los pibes las lleva a dudar si deben corresponder o no, aunque en las dos tramas terminan solas y concluyendo que ya habrá tiempo para enamorarse, sufrir por amor y todo eso. De nuevo, me gusta más la primera porque Aubrey busca a sus amigas y les pide perdón por haber estado tan pendiente de los chicos, la moraleja es esa: primero las amigas.

Y está bien, me parece que lo del 2012 era un tipo de final aislado entre tantas comedias que terminaban bien. Pero últimamente me empezó a molestar un poco esto de que todas las películas del género se volcaran al estilo de cierre de La La Land. Amé esa peli, amé la química entre Emma Stone y Ryan Gosling, que son un par de actorazos y que ya habían sido geniales en Crazy, Stupid, Love, otra grandísima comedia de la década del 10’.

¿Qué es lo que me jode tanto? Que se perdieron los simples finales felices donde todo se resuelve y ya. Ahora no. Ahora se agradecen por lo vivido y siguen por caminos separados. Para mí, una comedia romántica tiene este final: él o ella corre hasta el aeropuerto y se declara, detiene el tráfico y se arma terrible quilombo, no sé, ese tipo de demostraciones públicas que en la vida real no funcionan.

Algo cambia para que nada cambie

Me sucedió algo parecido cuando fui a ver Superman y me encontré con una buena película de aventuras, llena de monstruos del espacio y luces de colores. Sí, señor, esos eran superhéroes, los de los calzoncillos a la vista. En el caso de las comedias románticas, lo que me pasa es que me renuevan la fe en el amor. No se trata de algo racional. Aun así, uno desarrolla un criterio sobre su creencia, uno busca aquellas cristalizaciones que se sustentan bajo ciertas referencias. Como 10 cosas que odio de ti, o Clueless, que son claras adaptaciones del enredo shakesperiano.

No se trata tampoco de creer cualquier cosa sólo por creer. Hasta en una tirada de cartas de Tarot, suelo pretender una rigurosidad científica. Leo todos los horóscopos y evalúo quiénes tienen mejor oralidad, mejores interpretaciones, menos imperativos y algo de accesibilidad, porque la verdad es que Mia Astral a veces se pone tan técnica que me aburre. Qué sé yo de trígonos y cuadraturas con Neptuno, yo quiero saber qué me depara el destino. Y lo quiero con algo de poesía, si es posible.

O con memes, por qué no. Con Luciana, mi mejor amiga, nos mandamos todas las publicaciones de Instagram y Twitter que te dicen qué cosa sos según tu signo o tu mes de nacimiento. El último que me mandó fue realmente una joyita: ¿Qué delito de Trump sos según tu mes de nacimiento? Yo suelo picharme porque soy de Aries y ella de Leo, entonces siempre le tocan las mejores cosas. A mí me tocó algo de evasión de impuestos medio aburrido y ella es el escándalo de pedofilia de Epstein. Canal Doce también hizo uno de esos, con los atractivos turísticos de Misiones, y me salieron los Saltos del Moconá, bien, hasta que vi que a Luciana le salieron, obvio, las Cataratas de Iguazú.

Lo que pasa es que la relación entre Aries y Leo es de pura armonía en tanto y en cuanto el primero entienda que puede ganar una batalla pero nunca la guerra. Distinta es la relación con Géminis, que se alimenta del entusiasmo y las buenas conversaciones. Hace un rato vi a Judie Foster decir que Escorpio tiene la hipersexualización como rasgo. Somos los mismos progres que suscribimos a las campañas de vacunación y ponemos los ojos en blanco cuando leemos teorías sobre la Tierra Plana. Pero insisto en que no es todo lo mismo, hay un criterio.

Ver esta publicación en Instagram

Una publicación compartida de W Magazine (@wmag)

Signo de los tiempos, fe inagotable

Los arcanos del Tarot son figuras que sintetizan un montón de significaciones que se transmitieron de boca en boca durante siglos, de generación en generación. No quiero caer en el lugar común, pero dale, hasta los políticos consultan históricamente toda clase de oráculos. Es loco pensar que López Rega pudo haber sido un chamán en la tribu de alguna otra era. Charles Manson sorteó con una impunidad increíble toda clase de delitos gracias al conocimiento de los signos de los tiempos. Combinó libros sobre cómo influenciar a las personas con las semillas del New Age y lo demás. Prince sacó un álbum llamado Sign O The Times que la rompe toda.

Los símbolos que dialogan con el paso del tiempo tienden a conservar el eco de su primera intención. Lo que nos gusta, lo que nos conmueve, viene de lejos. Algo atávico se nos eriza ante algunos impulsos, a veces tan personales o tan ordinarios, comunes y colectivos. Los usamos para tener una estructura en el día a día, una noción de control que elude todos los anticuerpos. Cuando era chico, mis tíos hablaban mucho de Jesús en la mesa; yo no estaba bautizado, pero todos mis primos sí. Me fascinaban esas historias, la idea de la Trinidad y la individualidad del espíritu. La culpa, los clavos.

Todo esto me lleva a pensar en Alta Fidelidad, la última película romántica que vi en mi tanda compensatoria. John Cusack es un melómano sensual que tiene una tienda de vinilos, cassettes y discos súper específicos. Acaba de cortar con su novia y ve, en toda esa situación, un patrón que lo traslada a su primera relación, durante la infancia. Desde esa génesis, se arma un top 5 de rupturas más significativas con las que vuelve a tener contacto durante toda la trama. En el medio, juegan todo el tiempo con esta idea de top 5 en la tienda de música. Aparece un joven Jack Black que muestra sus primeros gags humorísticos que sostienen muchas mesetas de la peli. No es que sea mala, para nada, pero se extiende más de lo que acostumbramos hoy en día.

En todo caso, desarrolla una idea de narcisismo sobre la que debo admitir que me veo identificado. John Cusack empieza a ver a sus ex parejas para tratar de entender lo que no funcionó. En cada encuentro, el hilo conductor es su idealización sobre cada una de las relaciones, una mirada distante del panorama completo.

Honestamente, creo que me afectó porque empecé a dudar de todos mis signos. Hace unos pocos días, un amigo que está de visita me dijo que su interés romántico le dijo que “no sea un Juan Báez”. Quiso decir que esperaba que no fuese un gato. Me reí mucho y le dije que deseaba ser ese Juan Báez del que se habla. Un Don Juan. La realidad es que escribí El oficio de enamorarse con la certeza de mi fe pero con práctica incomprobable. Un credo imperfecto, pero con un coro de voces que viene de lejos. Pienso que es un buen marco teórico.

Si el lenguaje es otra piel…

Quizás sólo se trate de desear lo mejor a las personas que tuvieron la gracia de mostrarse. Con las comedias románticas busco la suspensión absoluta de la incredulidad. Me imagino que un amor puede durar toda la vida y que, una cita tras otra, voy a encontrar una excusa para correr bajo la lluvia, para implorar nuevas oportunidades. O quizás tenga que vivir todos los días para resolver la liturgia de una canción y sólo eso quede. También puedo resignarme a ser ese amante que dicen que soy. De todas maneras, no está mal tener fama de querer demasiado. Prefiero el pecado del love bombing antes que la indiferencia. Además, el fin de semana me tiré las cartas y me salió Los Enamorados. Busqué el significado y les puedo asegurar que el futuro es prometedor.

Por eso me relajé y entendí que, con Mercurio retrógrado, no tenía mucho sentido preocuparse por tomar grandes decisiones. En unos días termina, todos mis oráculos me advierten que es tiempo de introspección y que lo deje pasar sin roces ni rencores. Vi otra película a la que no podría llamar comedia romántica, claro que no: On the road, la adaptación de la novela de Jack Kerouac de 2012. Son todos buenos actores, increíble.

Y Kristen Stewart es el interés romántico de un triángulo compuesto por el escritor y su amigo Dean Moriarty, un toro salvaje que vive desenfrenadamente. Los tres se lanzan a la ruta cada vez que pueden, como sinónimo de libertad, como un eufemismo para el escape. La chica se llama Marylou, lo que me hizo pensar en No te enamores nunca de aquel marinero bengalí, la canción de los Abuelos de la Nada.

¿Y saben qué? Al final se va con un marino, creo que hacia África. Le conté esto a mi amigo Fede, otro gran actor, y me dijo que era muy posible por las lecturas de Miguel (“y porque los dos eran más putos que Ricky Martin”, dijo). Si uno hace las cuentas, los poetas bits eran un signo de esos tiempos. No sé si es un gran hallazgo pero a mí estas cosas me dan años de vida. Me hace pensar que todo lo que me gusta siempre dialoga con voces, con símbolos del pasado. Viene de lejos, como la luz de los astros.


Publicado

en

por

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *